La mayoría de nosotros en nuestros 40 años estamos atravesando la vida cargando una bolsa de vergüenza que nunca fue nuestra desde el principio. Vergüenza de ser "demasiado" Vergüenza de no ser suficiente Vergüenza de la intimidad Vergüenza del deseo Vergüenza de necesitar Vergüenza de sentir Vergüenza de querer más Vergüenza que absorbimos antes de tener siquiera el lenguaje para cuestionarla. Vergüenza que aprendimos en silencio, en reacciones sutiles, en lo que se retuvo, en lo que nunca se dijo. Y construimos nuestras vidas alrededor de ello. Nos encogemos. Actuamos. Damos en exceso. Nos desconectamos. Nos endurecemos. Nos escondemos. Logramos en exceso. Nos esforzamos. Complacemos a los demás. No porque seamos inadecuados, sino porque nos adaptamos. Y cuando operamos desde la vergüenza, no solo nos lastimamos a nosotros mismos… también lastimamos a los demás....